Huracán Wilma, de terror y de Rocky Balboa!

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Hoy se cumplen 10 años de una de las experiencias más impresionantes que me ha tocado vivir: el paso del huracán Wilma por Cancún.  Un evento  verdaderamente catastrófico. Este no es un post para compartir datos, medidas, centímetros cúbicos de agua… eso todos lo sabemos. También sabemos que lo fuerte de este huracán es que traía mucha agua y que simplemente se estacionó sobre Cancún por más de 60 horas, y es que ¿a quién no le gusta Cancún?

Pero quisiera compartir mi experiencia:

Obviamente y como buen chilango ignorante e incrédulo (de las alertas y demás avisos que nos llegaban por todos los medios) no hice caso a ninguna de ellas y como ya habían pasado dos o tres sustitos previos sin mayor consecuencia, pensé:   -este va a ser igual, solo nos hacen ir a gastar dinero, es como “El buen fin” para las abarroteras, ya les gustó- Y es que todo mundo sale volando al super a exagerar con las famosas compras de pánico y después te la pasas 3 semanas comiendo sandwiches de atún de todo lo que te sobró.

Pues llegaron las aguas y los vientos, el “DuckTape” en las ventanas, los colchones, las jergas y cubetas listas, algo muy emocionante, me sentía como niño chiquito que está a punto de jugar a la guerra con sus amigos.

Pero fueron llegando los vientos y los sonidos, la emoción se convirtió en temor (no sabía que pasaba, no sabía que venía, no sabía qué hacer) y tal como pasa en la película “La Vida es Bella” con todo y mi miedo,  tenía que ponerle la mejor cara a mis hijas y tratar de hacérselos “divertido” para que no sintieran mi tensión.

Todavía recuerdo esos espantosos sonidos del viento como si gente estuviera afuera tratando de tirar las ventanas y las puertas de mi casa, eso aunado a los sonidos de cristales reventando por todas las calles aledañas y las alarmas de los coches activándose como diciendo “desgraciados no nos metieron a la casa”.

Obviamente toda la noche, me la pasé sacando agua y trapeando, me encerré  en el baño a contarles cuentos a mis hijas y a tratar de descansar un rato.

Llegó el famoso “OJO” y todo quedó en una calma alertadora (si, esta tan calmado todo, que no se siente normal) completamente soleado, incluso salimos al morbo de tratar de cuantificar los daños en la cuadra y eran muchos; es ahí cuando empecé a conocer a los vecinos después de casi  4 años de vivir ahí. -tenías razón Greg Papas-

Cuando todo pasó, me salí con mi hermano y mi hija Camila en el coche (pese a las recomendaciones de todos los medios de NO SALIR) a ver lo que había pasado alrededor y fue impresionante. Ahí me di cuenta del poder de la naturaleza que pudo destruir en pocas horas, lo que el hombre en años se había edificado. Y el cielo… azul, las nubes… pasaban, los pájaros… cantaban, para la naturaleza ya había quedado todo atrás y para nosotros empezaba el caos.

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Recuerdo el infierno que se vivió con el calor, sin luz, sin agua y ¡sin provisiones! Salimos a buscar víveres a alguna tienda y las pocas que se encontraban abiertas, tenían unas colas de 40 personas que después de estar formadas por dos horas, salían con 2 huevos y una lata de atún, pues no estaban lo suficientemente surtidas. Seguimos avanzando en el coche buscando tienditas y  documentando todo lo ocurrido, cuando de repente mi hermano se da cuenta que en el Chedraui de Plaza las Américas, los turistas (que estaban refugiados en la plaza de toros) estaban entrando a abastecerse, me estacioné y nos bajamos a ver qué conseguíamos.

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A la entrada de lo que quedaba de la tienda, estaban unos policías y un empleado de Chedraui quienes advertían: “Tomen todo lo que quieran de alimentos, por favor, únicamente alimentos”. Los turistas muy inteligentes pensaron:     “No podemos sacar chupe, pero si nos lo podemos administrar aquí en la tienda” así que te encontrabas a los turistas inflándole en el departamento de vinos y licores, por aquello del susto.

Nosotros agarramos un bote de basura grande, lo llenamos de atún y galletas (creo que todavía me quedan unas latas) y nos regresamos felices a la casa. De haber salido insultado y humillado por negligente e irresponsable, la llegada fue triunfal, con cajuela llena de abasto, al grado que hasta compartimos con los “nuevos amigos” igual a vecinos.

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Pero el verdadero terror y la psicosis empezó en la noche, cuando se soltó el rumor de -el huracán derrumbo un muro de la cárcel de Cancún y muchos reos se escaparon, andan por toda la ciudad y parece que ya mataron a una chavita, han robado varias casas- esto bajo el fenómeno del “dicen” ( ¿quién dice? pos quien sabe, pero “dicen”). Entonces bloqueamos la calle (que es una cerrada) con nuestros coches, nos unimos los vecinos y nos dividimos así: Los de un lado de la acera descansaban 5 horas mientras que los del otro lado vigilaban. De  las casas a las que les tocaba vigilancia, 5  “hombres” estaban afuera haciendo rondas (con escobas y raquetas como fusiles) por si se aparecía algún reo asesino. Los demás estaban en las ventanas de sus casas con linternas y eso si, todos con el control de sus coches para que al mínimo susto se apretara el botón de pánico y saliéra todo mundo como pandillero. Nos toco incluso una persecución debido a que alguien aseguró que había un extraño en su jardín… nunca encontramos a nadie.

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Y así pasaron 3 días que se hicieron eternos, pero de repente se empezó a escuchar un sonido fuerte y cuando salí a la calle principal, ví camiones de Luz y Fuerza de San Luis Potosí, de Nuevo León y de varios estados, todos con mantas que manifestaban apoyo a los Quintanaroenses… es ahí cuando adentro de mi escuche esa música motivadora de Rocky Balboa cuando empieza a entrenar para la batalla final.

Fue muy padre la solidaridad de todos hacia todos, de los de afuera hacia nosotros. A pesar de que estábamos ante una crisis importante porque prácticamente estábamos sin destino turístico (nuestro principal activo), nunca se sintió desánimo, la gente de limpiar su casa, se iba a limpiar su oficina, y regresaba a limpiar las calles, el gobierno apoyó a las empresas y castigó a quienes recortaran su plantilla laboral, sentí por primera vez lo que es la sociedad  y aunque suena a “cliché” fue una demostración más de que cuando el pueblo se une, nada lo para.

Contrastante experiencia entre terror y Rocky Balboa, hoy soy un egresado de Wilma de la generación 2005.

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