
En turismo las personas se dividen en dos grupos: los que quieren ver las cosas en términos cuantitativos y se convencen con cifras sobre quién recibe más turistas o tiene más cuartos de hotel, y los que quieren cuestiones más cualitativas como ver un buen porcentaje de ocupación, un gasto promedio que crezca y una mejor tasa de retorno de los visitantes. En otras palabras: quienes promueven que “más es mejor” y quienes creemos que el turismo como actividad económica, antes que “mucho”, debe producir “bienestar”.
¿No se pregunta usted a ratos cuál es el impacto que le causa a los recursos naturales traer 5 millones de visitas o 10 millones? o cuántos cuartos de hotel y otras opciones encubiertas de alojamiento turístico no regulado se necesitan para colapsar las entradas a la zona hotelera por una hora?.
Pues déjeme adelantar una explicación: Lo que sucede es que hay dos manera de ver el asunto:
El turismo privado
El el que mueven algunas empresas, el que responde a sus acciones de marketing, que se alojan, viven su ciclo y se van, ese que puede que derrame muchos o pocos recursos pero que a muy pocas personas les importa si su gasto contribuye o no al desarrollo regional.
El turismo público
El turismo público es otra cosa, es ese turista que le costó al país mucho dinero traerlo, que forma parte de las estadísticas y de una estrategia definida en planes, leyes y normas. Que explica porqué tenemos que tener una Secretaría de Turismo y todo un aparato para su ordenamiento. Es ese turismo que hace que pensemos que debe haber desarrollo regional, que reconoce la seguridad, la conectividad, la tecnología y la salud como primordiales aunque no los regule el mismo sector de la economía.
Pues bien, déjeme decirle que el turismo en este país es principalmente público y debe conducir a ser un turismo solidario, responsable, sustentable, saludable, inteligente, justo y equilibrado. Al turismo público le debería preocupar más la calidad que la cantidad, más las condiciones del empleo que el número de altas del seguro social, le debe preocupar cuántos turistas vienen con cada dólar invertido en promoción, y cuántos turistas pierde México por una imagen creciente de corrupción o inseguridad.
Al turismo público, ese que debe darle buenos empleos y bienestar a los destinos y ciudades turísticas le debería preocupar hoy más que nunca lo que sucede con la áreas naturales desprotegidas. Un tema que lastimosamente solo leemos de los que quedan en la trinchera, pero que a ninguna autoridad turística parece preocuparle.
O dígame usted ¿que sería del turismo sin los recursos y atractivos? Nada, simplemente no habría producto que vender. Porque aunque parezca lo contrario, hasta al turismo privado tarde o temprano no le va a alcanzar el vender solo cuartos de hotel.
No se nos olvide que si nosotros no hacemos nada, los demás destinos competidores si están a mil por hora y que no siempre somos precisamente un ejemplo a seguir.
Gracias.