
El mundo civilizado, es decir, aquellos países (la mayoría del mundo occidental) que se rigen por el sistema del capitalismo salvaje, se encuentran sumidos en una profunda crisis. Prácticamente todos los días nos enteramos del cierre de empresas, de un crack bursátil, de la caída de algún restaurante o negocio y esto se da desde nuestro municipio hasta en los grandes niveles globales. Esto significa que la conciencia colectiva no está ahora mismo para muchas “fiestas”, o mejor dicho, el público no está muy receptivo a cierto tipo de mensajes.
Y es aquí donde entramos en materia: el papel de la comunicación publicitaria en esta coyuntura.
Precisamente la publicidad es el lenguaje con el que las empresas se comunican con sus clientes (actuales o potenciales) y en muchos casos, ahora esos clientes no están oyendo lo que necesitan oír.
“Quien deja de invertir en publicidad para ahorrar dinero, es como si parara el reloj para ahorrar tiempo” -Henry Ford
Resulta casi tragicómico que en una situación de crisis muy profunda, con situaciones realmente agónicas, algunos sectores sigan enviando mensajes a sus consumidores basados en la autocomplacencia y la frivolidad más absoluta, tratando de engañarlos.
Cómico desde luego resulta asociar el concepto de felicidad a la compra de un bien en cómodas cuotas semanales, quincenales o mensuales, los famosos “abonos chiquitos”, eso sí, dando una entrada fuerte de dinero como pago inicial, cerrando la cifra con un número mucho mayor al real. Entiendo que para las empresas es necesario vender, pero quizá la consecuencia de esa postura frívola sea crear rechazo en el público merecidamente, afectando incluso las finanzas de la empresa.
Es ahora cuando los empresarios y nosotros los publicistas debemos ser más responsables y respetuosos con los consumidores y con la comunicación que se les dirige.
La diferencia entre utilizar unos códigos de comunicación adecuados en un contexto critico o no, puede ser significativa, tanto en términos de branding como en resultados. Y no debemos olvidar que la imagen de una empresa es de vital importancia para su subsistencia.
Un ejemplo clásico lo tenemos en el sector del automóvil, que debido al uso de una comunicación equivocada ha tenido históricas caídas, mientras que otros sectores como los cosméticos de lujo, aumentan sus ventas mes a mes.
Evidentemente pueden ser muchas las causas, a parte de la inversión publicitaria en cada caso, pero no olvidemos que mucho de lo que vendemos no son artículos de primera necesidad y la tendencia es caer en el engaño y las falsas promesas, ojalá que los empresarios empezaran a ser responsables con lo que prometen y los publicistas no nos prestemos a sus jueguitos.
En conclusión, la comunicación publicitaria debe ser ahora más que nunca responsable y respetuosa con los consumidores y sensible a sus necesidades, pues ésa es la publicidad del presente y la única que tendrá futuro.